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El malestar bimonetario

Actualizado: 20 nov 2023

Venezuela se convirtió en una economía con dos monedas y pierden eficacia los instrumentos del gobierno y el Banco Central para estabilizar e impulsar el crecimiento, mientras crece la fragilidad del sistema financiero. Luis Zambrano Sequín advierte que “una economía bimonetaria es, por su naturaleza, inestable”.


Víctor Salmerón


Gerentesis impacto del bimonetarismo en Venezuela

Imagen Pixabay


Ante la pérdida de valor del bolívar, los venezolanos usan el dólar para ahorrar, calcular precios y realizar buena parte de sus transacciones; pero el bolívar no ha muerto, el gobierno, por ejemplo, lo utiliza para pagar salarios y recaudar impuestos. El resultado es una economía bimonetaria, una condición que impacta el presente y condiciona el futuro.


Luis Zambrano Sequín, miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, explica que “una economía bimonetaria es, por su naturaleza, inestable”.


A medida que avanza el bimonetarismo, y en Venezuela ya tiene un grado elevado, pierden eficacia los instrumentos que pueden emplear el gobierno y el Banco Central para estabilizar e impulsar el crecimiento. Además, hay mayor fragilidad del sistema financiero y volatilidad del tipo de cambio.


Redes verdinegras

El dinero no es papel, metal u operaciones electrónicas, es fe en las instituciones que lo respaldan y los venezolanos ya no quieren atesorar bolívares; por lo tanto, el gobierno ha perdido la posibilidad de estimular la economía a través de la emisión de dinero.


Actualmente si el Banco Central emite bolívares y se los entrega al gobierno, por ejemplo, para que aumente los salarios, los trabajadores reciben el dinero e inmediatamente buscan gastarlo cuanto antes comprando cualquier cosa y los comercios a los que le ingresan los bolívares los usan para comprar dólares a la brevedad.


Esto se traduce en presión inflacionaria y presión sobre el tipo de cambio. Este desequilibrio tiende a agudizarse a medida que hay un mayor uso del dólar en la economía a través de la conformación de redes.


“Los celulares sirven de ejemplo. Al principio pocos tenían uno pero el uso fue creciendo y ahora si no tienes uno quedas marginado. Algo similar ocurre con la dolarización: a medida que crece el uso del dólar aumentan las ventajas de incorporarte a las redes que operan en divisas y se acelera la dolarización”, dice Luis Zambrano Sequín.


La administración de Nicolás Maduro, ante la realidad de que la emisión de dinero se traduce en presión inflacionaria o demanda de dólares, tuvo que minimizar su uso a pesar de que los ingresos del gobierno han caído por el declive en la recaudación de impuestos y no tiene acceso al crédito de organismos multilaterales o la banca extranjera.


“Se va perdiendo la capacidad de hacer política fiscal a través de los impulsos del gasto, técnicamente decimos que hay una pérdida progresiva del señoreaje con el avance de la dolarización”, dice Luis Zambrano Sequín.


Un Banco Central lisiado

En teoría el Banco Central tiene a su cargo el control de la cantidad de dinero que circula en la economía y es el único que emite bolívares, pero una vez que aumenta el uso del dólar se debilita su dominio sobre la circulación monetaria.


“A medida que la economía se dolariza el Banco Central pierde el control sobre los agregados monetarios porque una parte importante son dólares que están en manos del sector privado” explica Luis Zambrano Sequín.


En materia cambiaria el Banco Central tiene una mayor presión porque no solo tiene que ofertar dólares para suplir la demanda por importaciones, también hay una demanda de dólares para las transacciones.


“Si la economía crece y necesita más dólares porque hay más transacciones, el Banco Central tiene que alimentar parte de ese aumento en la demanda de divisas; aparte de que está el riesgo de una demanda especulativa que se puede activar ante una crisis y te puede atacar el tipo de cambio”, dice Luis Zambrano Sequín.


Impacto automático

El uso del dólar para fijar los precios implica que cualquier aumento en su cotización inmediatamente se traduce en aceleración de la inflación. Por ejemplo, si el tipo de cambio, como ocurre actualmente, es 35 bolívares por dólar y un kilo de arroz vale un dólar, entonces el precio son 35 bolívares.


Pero si el dólar aumenta hasta 60 bolívares, el kilo de arroz seguirá costando un dólar pero los trabajadores públicos, que reciben su salario en bolívares, sentirán el impacto y tendrán que pagar más por la misma cantidad de arroz.


En este entorno el Banco Central intenta mantener al dólar lo más estable posible para desacelerar el aumento de los precios, pero como los precios siguen aumentando a gran velocidad porque en la inflación intervienen múltiples factores, el dólar se convierte en un artículo barato.


“Como no puede hacer política monetaria a través de los agregados monetarios y de la tasa de interés, el Banco Central termina utilizando el tipo de cambio como la variable clave para tratar de atenuar la variación de la tasa de inflación”, dice Luis Zambrano Sequín.


La consecuencia es un tipo de cambio que estimula las importaciones y encarece las exportaciones, haciendo menos competitiva a la industria.


Un aspecto a tomar en cuenta es que cuando se extiende el uso del dólar y los precios de las empresas están en dólares, al igual que sus ingresos y sus costos, el tipo de cambio pierde su utilidad como herramienta para favorecer las exportaciones.


Sin última instancia

En teoría el Banco Central cumple el rol de “prestamista de última instancia”, es decir, de solucionar los problemas transitorios de liquidez que pueden tener los bancos. Cuando solo existían depósitos en bolívares esto era posible porque el Banco Central emite bolívares, pero ahora alrededor de la mitad de los depósitos en la banca son dólares.


“Evidentemente el Banco Central no emite dólares y su capacidad de cumplir con el rol de prestamista de última instancia es mucho menor. Este rol es muy importante para garantizar la estabilidad del sistema financiero ante choques adversos”, dice Luis Zambrano Sequín.


Agrega que “los bancos tienden a mantener importantes cantidades de fondos líquidos inmovilizados lo cual hace que el incentivo para el crédito sea menor”.

Actualmente las autoridades solo permiten que los bancos usen 30% de los depósitos en dólares para dar créditos pero bajo una modalidad engorrosa: el banco tiene que vender los dólares y prestar en bolívares.


El cliente que recibe el crédito le paga al banco en bolívares y el banco no tiene autorización para recomprar los dólares, por lo tanto, para disminuir riesgos debe captar más depósitos en divisas.


Tema estructural

Al analizar el mediano y largo plazo Luis Zambrano Sequín explica que por ser inestables las economías bimonetarias “tarde o temprano tienen que transitar hacia una economía totalmente dolarizada o a una que rescate su moneda nacional”.


“No solo tenemos que discutir cómo lidiar con el bimonetarismo sino hacia dónde orientar la economía en un largo plazo y el camino es muy diferente en el caso de una economía oficialmente dolarizada y una que no lo es”, añade.


No obstante está consciente de las limitaciones: “El bimonetarismo llegó para quedarse un buen rato porque en este momento no hay las condiciones económicas, sociales y políticas para provocar un tránsito rápido a uno de esos dos escenarios”.


Plantea que Venezuela tiene una alta probabilidad de caer en una “trampa de dolarización, un esquema donde al igual que en otros países como Perú, donde tras años de tener baja inflación e intentar desdolarizarse, alrededor de 40% de los depósitos en la banca siguen estando en dólares”.


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