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La crisis sin fin

Tras culminar su último libro, en el que analiza qué ha ocurrido con la economía durante los años del chavismo en el poder, José Guerra examina los resultados del viraje de Maduro y propone las medidas esenciales para iniciar la recuperación.


Víctor Salmerón


Situación económica de Venezuela resumen

Prensa presidencial


José Guerra, exgerente de investigaciones económicas del Banco Central y quien fuera diputado en la Asamblea Nacional elegida en 2015, se dispone a publicar el libro La economía chavista: 25 años perdidos y una ruta para Venezuela.


Pero la decadencia no comenzó en este período. Los venezolanos tienen grabado en la memoria el “viernes negro”, cuando en febrero de 1983 el bolívar se devaluó y culminó la etapa en la que el dinero del petróleo, desde 1920, modernizó al país y catapultó la calidad de vida.


En la década de los setenta, paradójicamente en medio de un salto sin precedentes de los precios del barril, la disciplina fiscal quedó a un lado, la deuda pública aumentó, la moneda se sobrevaloró, comenzó la fuga de capitales y declinó la producción petrolera.


El desajuste explotó a principios de los ochenta y desde entonces, hace 41 años, la palabra crisis es frecuente entre los venezolanos.


“El viernes negro la Venezuela petrolera perdió su atributo más importante: el tipo de cambio fijo y estable. La economía entró en un desequilibrio que derivó en inestabilidad política y en el fin del bipartidismo, dando paso a la llegada del chavismo”, resume José Guerra.


Dos Chávez

En su primera etapa, explica José Guerra, Hugo Chávez actuó de manera conservadora pero luego cambió el rumbo. “Hasta 2003 hubo un cierto conservadurismo que dio paso al Chávez que ganó el referéndum revocatorio de agosto de 2004 y asumió al socialismo del siglo XXI como objetivo fundamental”.


Gracias al espectacular aumento de los precios del petróleo el plan socialista recibió un ingreso sin precedentes. Entre 1999-2012, a través del barril, ingresaron 780 mil millones de dólares, una cifra colosal que “excedió la suma del PIB de Argentina y Colombia de 2020” agrega José Guerra.


El ciclón de petrodólares vino acompañado con la idea de sustituir al mercado mediante una larga lista de controles y con el propósito deliberado de reducir al sector privado a través de una ola nacionalizaciones y expropiaciones. Además, con una expansión inusitada del Estado.


Rápidamente el gasto público se disparó y surgió un déficit que se cubrió con un endeudamiento vertiginoso, mientras que la sobrevaloración de la moneda estimuló un boom de importaciones que lubricó el consumo y desplazó a la producción nacional.


Las empresas expropiadas se convirtieron en agujeros negros que tragaron millones de dólares y produjeron poco o nada; no hubo ahorros, las reservas internacionales descendieron y el gasto fluyó a borbotones sin mayor contraloría.


El descontrol

Guerra recurre a las cifras. Entre 1999-2012 la deuda externa aumentó desde 28 mil millones de dólares hasta 107 mil millones, la nómina del Estado desde 1,2 millones de trabajadores hasta 2,5 millones y el déficit por la diferencia entre los ingresos y gastos del gobierno escaló desde 0,7 hasta 13% del PIB.


La producción petrolera, a pesar del constante anuncio de planes de inversión se redujo, en el caso de Pdvsa, la empresa del Estado, en 40% y en el total, tomando en cuenta a las compañías extranjeras, en 15,7%.


“El modelo de Chávez falla por tres razones fundamentales: el endeudamiento por el gigantismo del Estado, aquello era imposible de financiar; la caída de la producción petrolera y el control de cambios que fue el mecanismo perfecto para la corrupción” dice José Guerra.


Chávez fracasó en la idea de crear un modelo alternativo. Las exportaciones no petroleras prácticamente desaparecieron, la infraestructura se deterioró, no hubo desarrollo y los resultados fueron mediocres.


José Guerra sintetiza que el ingreso por habitante “mostró un aumento interanual de apenas 1%, significativamente inferior al de otros países de América Latina” y la pobreza retrocedió de manera transitoria como sería evidente al poco tiempo.


También dos

Nicolás Maduro ganó las elecciones de 2013 tras la muerte de Chávez con una mínima ventaja de 1,5% de los votos. La tambaleante herencia aconsejaba devaluar, iniciar el desmontaje de los controles, reestructurar la deuda externa y buscar apoyo de los organismos multilaterales.


No obstante, Maduro redobló la apuesta e intensificó los controles. Las regulaciones no permitieron que las empresas cubrieran sus costos y la producción se hundió, al mismo tiempo que el declive de los precios del petróleo obligó a recortar las importaciones porque la banca extranjera cerró la llave del financiamiento.


La escasez se disparó y el gobierno optó por el racionamiento de alimentos básicos, la economía cayó en una profunda recesión y la emisión de dinero para cubrir el gigantesco déficit fiscal detonó la hiperinflación.


“El tipo de cambio oficial se mantuvo fijo mientras que la inflación se aceleraba. Entonces los gastos del gobierno aumentaban pero los dólares provenientes del petróleo se cambiaban a bolívares a una tasa muy baja. Esto los llevó a emitir bolívares en el Banco Central para cubrir el gasto y se disparó la hiperinflación” explica Guerra.


En 2018 Maduro se reeligió en una elección cuestionada y en 2019 Estados Unidos aplicó sanciones a la industria petrolera agravando el descenso de la producción. En este entorno, con las manos vacías y sin la posibilidad de obtener financiamiento en el exterior, el gobierno dio un giro en 2020.



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El ajuste

Maduro permitió la libre circulación del dólar, suspendió los controles y aplicó un plan para salir de la hiperinflación: recorte profundo del gasto público, restricción del crédito y venta de dólares para mantener con la menor variación posible al tipo de cambio.


La inflación, que llegó a ser de 65.000% en 2019, se desaceleró hasta 189% en 2023 y la economía se estabilizó en el fondo: José Guerra indica que el tamaño del PIB es 40% de lo que era en 2012.


“La economía se estabilizó con un ajuste que redujo drásticamente el gasto público en el componente salarial y de inversión.  A esto se añade la restricción del crédito con un encaje a la banca muy elevado, entonces hay una estabilización a un nivel de actividad muy bajo”, añade.


El tratamiento

“Para recuperar el terreno perdido y comenzar a recuperarse, Venezuela requiere que el PIB crezca a razón de 7% promedio anual durante veinte años y no hay fuerzas productivas internas para mover la economía”, explica Guerra.


Desde su punto de vista el envión que podría iniciar la recuperación sostenida tendría que venir del financiamiento de organismos multilaterales y reformas legales que faciliten la inversión extranjera en el sector petrolero.


“Para que la producción petrolera crezca en torno a cien mil barriles diarios por año se requieren inversiones anuales por 8 mil millones de dólares. Hay que permitir que empresas extranjeras tengan mayoría en los proyectos sin necesidad de asociarse con el Estado”, dice José Guerra.


Ante la interrogante de cuál debería ser el ancla para desacelerar por completo la inflación indica que “no he sido defensor de la estabilidad del tipo de cambio pero esta vez sí lo soy con dos condiciones: financiamiento externo con un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y una reforma que impida que el Banco Central financie al gobierno”.


Tras la dolarización de facto el dólar se emplea en buena parte de las transacciones, para fijar los precios y como mecanismo de ahorro, pero sigue existiendo el bolívar. Guerra considera que este esquema bimonetario va a continuar porque no hay suficientes divisas para dolarizar del todo.


Las elecciones

Este año los venezolanos acudirán a las urnas y aumenta la probabilidad de que Maduro permanezca en el poder con otra elección señalada como poco creíble. María Corina Machado, la principal líder de la oposición, fue inhabilitada y Washington, que flexibilizó las sanciones al petróleo, amenaza con reactivarlas.


Al evaluar este escenario José Guerra señala que un gobierno no reconocido

alejaría la posibilidad de que el país obtenga el financiamiento de los organismos multilaterales y la inversión extranjera que necesita para recuperarse.


A manera de ejemplo indica que “un gobierno reconocido podría acceder en tres meses a nueve mil millones de dólares a través del Fondo Monetario Internacional".


"Cinco mil millones en derechos especiales de giro y a cuatro mil millones mediante la línea de financiamiento rápido a los países en emergencia, esto representa 20% del PIB, mientras negocia un acuerdo más amplio”, explica.



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